Sonámbulos

1.     Sonámbulos

No es un incidente aislado. Me han contado que es un hecho que se repite en este mundo, pero yo no tengo evidencias suficientes como para aseverar.

La mayor parte de los habitantes de una  aldea que no tiene nombre, y que tampoco pertenece a ningún país, son sonámbulos. 

Póngale usted el nombre que quiera a la aldea, y ubique el país que considere pertinente. También la llamada aldea podría ser un país. O lo que acontece en el país podría replicarse en todas sus aldeas.

Mejor vayamos a los hechos.

Al caer la oscuridad, las calles de la aldea se llenan de personas caminando dormidas, con los ojos abiertos y una expresión serena de sus rostros. 

En el andar sonámbulo se tocan entre ellos, se abrazan. Parece que caminan por un desierto de esperanzas también dormidas. Se los ve andar por un laberinto, sin rumbo fijo. Están famélicos. Nadie intenta despertarlos. Tienen sus ojos abiertos pero no ven lo que sucede a su alrededor. Tampoco sienten el azote del viento. Su capacidad de razonamiento es baja. 

            Las actividades que realizan al deambular son muy simples. Cientos de estatuas humanas en movimiento. Elevan los brazos hacia el cielo, se agachan, entran y salen de sus casas, se acuestan en la vereda creyendo que están sobre otro lecho, su lecho, ya empantanado por las sombras. Hacen el amor a la intemperie, bajo el rocío, sin despertar.

            Los comercios, los restaurantes, las cafeterías y otros servicios abren en horario nocturno, hasta el otro día, adaptados a la vida sonámbula de la gente. No tienen nada que ofrecer estos servicios, todo es simbólico.

Niños, jóvenes, adultos, ancianos, hombres y mujeres componen este amplio espectro de personas que deambulan a oscuras.

            Se respira un sentido de comunidad manipulada. Se rumorea que un antiguo habitante de la aldea regresó de la muerte, un misterioso personaje que ha producido este mal.

La supuesta presencia del personaje misterioso se siente en cada rincón. En vida, este personaje estableció un sistema de gobierno que dañaba a todos los aldeanos y limitaba su libertad y autonomía. Las personas en la aldea vivían en constante temor de ir en contra de las reglas impuestas, lo que generaba un ambiente de opresión y desconfianza. Llegaron a estar en un limbo, entre la realidad y la fantasía. 

Todo eso los convirtió en sonámbulos con el pasar del tiempo. Son despiertos y dormidos. Actores de su propio escenario, que no encuentran un guion. Son eco de su propio pensamiento, ya sin pensamientos.

Cómo cambiar este estado de las cosas, se preguntan desde el Vaticano. Desde alta mar, corsarios anuncian la posibilidad de acudir al lugar por su propia cuenta, sin que nadie los hubiera convocado, pero tienen miedo a penetrar.

La aldea se está quedando vacía. Los despiertos conscientes se están yendo. 

Hoy la plaza central de la aldea se está llenando de sonámbulos. Han decidido dar a conocer sus sueños, sus deseos más profundos, sus miedos y pensamientos. Todos acuden a la convocatoria, elevan unas telas, las bajan, las vuelven a subir. Son telas grises, sin contenido. 

Mañana intentarán de nuevo. Quieren cambiar el sentido de las cosas. Una vez más, intentarán de nuevo.

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