Yo no la maté
sonó humana. Se lo hice saber. Reímos juntos, acoplando nuestras mejillas. Nos estábamos acariciando en la puerta del departamento, pero su abrazo lo sentí bastate raro. Quise soltarme, pero sus dedos se clavaron en mi cuerpo con una fuerza descomunal. Sus ojos, fijos en los míos, ya no tenían brillo; eran dos cuencas completamente negras. Detrás de ella, las luces parpadearon y un olor a podrido inundó el ambiente. El pánico me congeló la sangre. Me solté de un tirón, abrí la puerta y salí al pasillo.
Mis pies golpeaban los escalones. Uno tras otro. Rápido. Demasiado rápido. No miré atrás. Sentí como si un monstruo me empujaba por la espalda. Salí a la calle como un animal herido. Derribé a una anciana. Su perro ladró. Solo escuchaba mi propia respiración.
Entonces, cometí el error de mirar hacia arriba.
Ella estaba en la ventana. Alzó la mano. Quería decir adiós. Pero detrás de ella, la luz murió. Pude ver un fluido que emanaba desde atrás e inundaba el espacio, era de una negrura espesa. Era algo denso, una mancha viva y aceitosa que se estiró desde las sombras. Vi cómo esa masa cobró fuerza, cómo se abalanzó sobre su espalda y, con un empujón la lanzó al vacío.
Aún puedo escuchar el crujido. Un golpe seco y hueco contra el pavimento. Ese sonido ahora vive en mi cabeza. Se repite. Gira. Me rompe por dentro.
No me detuve. Corrí hasta perder el rumbo. El miedo me vació las venas y no pude regresar. No hay excusa para mi huida. Solo el terror puro.
Al día siguiente, los periódicos lanzaron la noticia en primera plana: “Joven universitaria se quita la vida al lanzarse de un quinto piso. Fiscalía busca al novio, quien estaba en la escena”.
Ahora cruzo la frontera. Camino en dirección al cielo, o al infierno, ya no lo sé. El aire aquí es gélido. Cada bocanada es como tragar cristales rotos. Mis pulmones se congelan.
La policía busca a un asesino de carne y hueso. No entienden nada. No fue la caída lo que terminó con ella. Fue esa cosa que nació de las esquinas de su dormitorio.
Yo no la maté.
Yo no la maté.
Pero me está buscando a mí.